Te abrí las puertas de mi alma,
te mostré mis versos mal escritos,
y quisiste al momento que te diera
unos propios, unos tuyos.
Te conté que un verso era la sangre
que fluía de mi pluma sajada
cada vez que se hirió el alma
y pediste tener el tuyo propio.
Pues bien este es el que ganaste,
esta es mi sangre convertida en poesía,
aquí esta el dolor que me dejaste,
de traición, de platos rotos, de agonía.
Estos versos van con rabia y melancolía,
son los tuyos, son los nuestros, son sentidos.
Son las puertas que a tu paso cerraste,
las ruinas de mi mundo destruido,
loco, ciego y solo me descubro.
Amanecí otro día mas con tu recuerdo,
aferrado a mi corazón como una lapa
en un día triste y soleado; raro.
Porque me dueles en poco tiempo?
Porque te quiero sin amarte?
Y las respuestas a mis preguntas
se resumen solo en interrogantes.
Será que solo quedan platos rotos,
sábanas sucias y olor a sexo.
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